No es la primera vez. Ni será la última, si nadie hace nada. Porque esta no es solo la historia de unos contenedores ardiendo. Es la historia de una ciudad que parece resignada a convivir con la vandalización de su mobiliario urbano, a ver cómo se destrozan espacios públicos ante la indiferencia de quienes deberían protegerlos. Cada nuevo incendio es una señal de alarma ignorada, una prueba más de que el abandono también se puede medir en llamas.

Foto: Heraldo de Aragón.
La escena se repite y la respuesta institucional brilla por su ausencia. Recientemente, en plena calle Alameda de Santa Isabel, a la altura del centro de salud, varios contenedores han aparecido calcinados. No es un hecho aislado. Es otro capítulo más en la larga serie de actos vandálicos que azotan Zaragoza y que ya parecen parte de la rutina urbana.
En esta ocasión, el fuego no solo ha destruido los contenedores. Ha dañado parte de la acera y ha alcanzado la fachada del propio centro de salud. Un servicio público básico, utilizado a diario por cientos de vecinos, puesto en riesgo por la absoluta impunidad con la que algunos juegan con fuego, literalmente.

La quema de contenedores no es nueva. En los últimos meses se han documentado decenas de casos en distintos barrios de la ciudad: San José, Casablanca, Santa Isabel… Más de 50 contenedores destruidos, vehículos afectados, mobiliario urbano arrasado. ¿Reacción del Ayuntamiento? Declaraciones formales y algún tuit de condena. Poco más.
Pero lo que se queman no son solo contenedores: es la sensación de seguridad de los vecinos, es el mobiliario que pagamos entre todos, es el respeto por el espacio común. Y cada acto que queda sin investigar, sin detener a los responsables, sin medidas preventivas, es una invitación tácita a repetirlo.

Lo realmente preocupante es que un centro de salud se encuentre rodeado por contenedores de basura en dos de sus laterales —calle Alameda por un lado y calle Justo Dorado Castro por el otro— eso es de vergüenza.
Ya no se trata de un incidente aislado, ni de un simple descuido. Es una falta de atención continua, una muestra de la falta de respuesta frente a un problema que se repite una y otra vez. La inacción es cada vez más evidente, y lo que es aún más preocupante, es la total ausencia de la Policía Local en estos incidentes.
¿Dónde está la vigilancia para prevenir este tipo de actos vandálicos? La Policía Local debería ser un pilar fundamental en la protección de nuestros espacios públicos, pero en lugar de actuar, parece haber una total indiferencia.

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